Por Ariel Ferrero / SunnyNews & FMGN
La Casa Blanca ordenó colocar carteles para advertir a los turistas que algunas exposiciones del Museo Nacional de Historia Estadounidense ofrecen una visión “inexacta” del pasado del país. La medida profundiza la ofensiva de Donald Trump contra las políticas de diversidad en las principales instituciones culturales de Estados Unidos.

La batalla de Donald Trump contra la cultura “woke” llegó a uno de los lugares más visitados por los turistas en Washington. El presidente ordenó instalar carteles en el National Museum of American History para advertir a quienes ingresen que algunas de sus exposiciones presentan una visión que la administración considera “inexacta” de la historia estadounidense.
La medida también establece que el Departamento del Interior deberá informar a los visitantes dónde pueden encontrar, según el gobierno, “información precisa sobre la historia estadounidense”.
La decisión representa un nuevo capítulo de la ofensiva que Trump mantiene desde hace meses contra algunas de las principales instituciones culturales de Washington, a las que acusa de promover una mirada progresista y una agenda vinculada a las políticas de diversidad, equidad e inclusión (DEI).
El Smithsonian, en el centro de la disputa
El museo forma parte de la Smithsonian Institution, el gigantesco complejo cultural que reúne 21 museos y otras instituciones en Washington, Virginia y Nueva York.
Sus museos tienen entrada gratuita y reciben en conjunto alrededor de 30 millones de visitantes al año, convirtiéndose en uno de los principales atractivos turísticos y culturales de la capital estadounidense.
La historia del Smithsonian tiene, además, una particularidad: nació gracias al legado del científico británico James Smithson, quien nunca visitó Estados Unidos y murió en Génova en 1829. Su patrimonio permitió crear una institución dedicada al conocimiento y la difusión científica y cultural.

El 250 aniversario de Estados Unidos, detrás de la polémica
La nueva ofensiva llega en un momento especialmente simbólico, cuando Estados Unidos celebra en 2026 los 250 años de su independencia.
La administración Trump considera que el National Museum of American History no hizo lo suficiente para destacar el papel de los Padres Fundadores durante las celebraciones del aniversario.
Un reciente informe del Consejo de Política Interna fue todavía más lejos y acusó a la conducción del museo de haber orientado su misión hacia un “activismo político extremista, arraigado en el marxismo”, que tendría como objetivo “dividir, desmoralizar y desalentar a los estadounidenses”.
Presión sobre los museos
La controversia se intensificó después de que Anthea Hartig, directora del National Museum of American History, fuera interrogada por legisladores republicanos en el Congreso.
Durante la audiencia, representantes del oficialismo calificaron al museo como una institución “contaminada por una ideología woke”.
Hartig continúa al frente de la institución, pero la presión de la Casa Blanca ya produjo consecuencias en otros museos del Smithsonian.
Kim Sajet, directora de la National Portrait Gallery, terminó dejando su cargo después de quedar en el centro de las críticas de Trump, quien la acusó de ser una defensora de las políticas DEI.
Diversidad, equidad e inclusión se convirtieron desde el regreso del republicano a la Casa Blanca en uno de los principales blancos de su agenda cultural y política.
Una polémica que también alcanza al turismo
La disputa tiene una dimensión que va mucho más allá de la política. Los museos del Smithsonian constituyen una parada prácticamente obligatoria para cualquier viajero que visite Washington y son uno de los grandes atractivos gratuitos de la ciudad.
El National Museum of American History, ubicado en pleno National Mall, conserva algunos de los objetos más emblemáticos del país y permite recorrer distintos momentos de la historia política, social y cultural estadounidense.
Ahora, los visitantes podrían encontrarse incluso antes de atravesar sus puertas con una advertencia presidencial sobre la manera en que esa historia es contada.
Una nueva batalla cultural de Washington que, esta vez, se libra también frente a millones de turistas.











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