Adiós a un ícono de Nueva York: Macy’s retiró la legendaria bolsa roja que marcó a generaciones

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Por Ariel Ferrero / SunnyNews & FMGN


Después de más de tres décadas, el famoso cartel con forma de bolsa de compras desapareció de Herald Square y dejó al descubierto un edificio oculto durante años. Para muchos neoyorquinos, no era solo una publicidad: era parte del alma de Manhattan.

Hay imágenes que terminan definiendo una ciudad. En Nueva York están la Estatua de la Libertad, el Empire State, los taxis amarillos, las pantallas de Times Square… y, para millones de personas, también estaba la enorme bolsa roja de Macy’s que dominaba la esquina de Broadway y la calle 34.

Esta semana, ese símbolo desapareció.

El gigantesco cartel con forma de bolsa de compras, del que sobresalían los característicos pliegues de papel blanco, fue desmontado tras más de 30 años de presencia ininterrumpida sobre la fachada de la tienda insignia de Macy’s en Herald Square.

Su ausencia sorprendió a turistas y neoyorquinos, que descubrieron un paisaje completamente distinto. Donde durante décadas estuvo uno de los anuncios más fotografiados de Manhattan, ahora aparece un pequeño edificio que permanecía prácticamente oculto detrás del cartel desde mediados del siglo pasado.

Un rincón que cambió para siempre

Aunque técnicamente se trataba de un anuncio publicitario, con el paso de los años la bolsa roja dejó de ser marketing para transformarse en un verdadero punto de referencia urbano.

Era habitual escuchar frases como “nos encontramos debajo de la bolsa de Macy’s” o simplemente identificar esa esquina por el enorme cartel rojo, especialmente durante la temporada navideña o el tradicional desfile de Thanksgiving organizado por la cadena.

Las redes sociales se llenaron rápidamente de mensajes de sorpresa.

Muchos usuarios confesaron sentirse “desorientados” al pasar por el lugar.

“Siempre fue un punto de referencia. Ahora miro la esquina y siento que estoy en otra ciudad”, escribió un usuario en X.

Adiós a un cartel retratado millones de veces.

El edificio escondido durante décadas

La remoción del cartel permitió descubrir una curiosidad histórica de Nueva York.

Ese pequeño edificio pertenece a un propietario distinto de Macy’s y constituye uno de los históricos holdouts, inmuebles cuyos dueños se negaron a vender cuando la cadena construyó su gigantesca tienda a comienzos del siglo XX.

Según explicó Dan Biederman, presidente de la organización 34th Street Partnership, el origen del conflicto se remonta a más de cien años.

Un comerciante rival compró estratégicamente ese terreno para impedir que Macy’s controlara toda la manzana. Con el tiempo, la empresa terminó alquilando la fachada para instalar allí sus enormes carteles publicitarios.

¿Por qué retiraron la famosa bolsa?

Todo indica que el motivo es un desacuerdo comercial. Según Biederman, el propietario del edificio y la empresa interesada en mantener el espacio publicitario no lograron renovar el acuerdo.

Macy’s confirmó que el cartel era un símbolo muy querido por varias generaciones, pero sostuvo que ya había quedado desactualizado y adelantó que trabaja en una nueva propuesta visual para Herald Square.

La compañía prometió presentar próximamente una identidad renovada que “honrará la historia de Macy’s mientras refleja el futuro de su tienda insignia”.

Mucho más que un cartel

Nueva York cambia constantemente. Edificios aparecen, otros desaparecen y los barrios evolucionan año tras año.

Sin embargo, algunos elementos logran trascender su función original para convertirse en parte de la memoria colectiva.

La bolsa roja de Macy’s fue uno de ellos. No era un monumento oficial ni figuraba en las guías turísticas como una atracción imprescindible. Pero durante más de tres décadas acompañó millones de fotografías, encuentros familiares, compras navideñas y recorridos de visitantes de todo el mundo.

Ahora, esa esquina luce inesperadamente vacía. Y aunque todo indica que un nuevo cartel ocupará el espacio en el futuro, para muchos será difícil reemplazar una imagen que, sin proponérselo, terminó convirtiéndose en uno de los íconos silenciosos de Nueva York.


Por Ariel Ferrero

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