Por Ariel Ferrero / SunnyNews & FMGN
Cuba recibió apenas 419.863 visitantes internacionales entre enero y julio de 2026, casi 709.000 menos que un año atrás. Canadá protagonizó la mayor caída y la crisis se agrava con la salida de importantes grupos hoteleros internacionales, en medio de las dificultades económicas y la creciente presión de Estados Unidos sobre La Habana.

El turismo cubano atraviesa uno de sus momentos más críticos. La llegada de visitantes extranjeros a la isla se desplomó un 62% entre enero y julio de 2026 respecto del mismo período del año pasado, profundizando una crisis que amenaza a uno de los sectores históricamente fundamentales para el ingreso de divisas del país.
Según datos de la Oficina Nacional de Estadística e Información (ONEI), Cuba recibió 419.863 turistas extranjeros durante los primeros siete meses del año, lo que representa 708.968 visitantes menos que en el mismo período de 2025.
Las cifras reflejan una aceleración dramática del deterioro de una industria que durante décadas constituyó una de las principales ventanas de Cuba hacia la economía internacional.
Canadá, el golpe más duro
Uno de los datos más preocupantes para el sector es el derrumbe del mercado canadiense.
Canadá, tradicionalmente el principal país emisor de turistas hacia Cuba, registró 350.737 viajeros menos que durante el mismo período del año anterior.
El retroceso resulta especialmente significativo porque durante años los visitantes canadienses sostuvieron buena parte de la ocupación de los resorts cubanos, especialmente en destinos como Varadero, Cayo Coco, Cayo Santa María y Holguín.
La caída se produce además en un escenario de crecientes problemas internos para la industria turística cubana, que enfrenta dificultades energéticas, cortes de electricidad, problemas de abastecimiento y una infraestructura que necesita fuertes inversiones.
La presión de Estados Unidos agrava el escenario
A esos problemas estructurales se suma ahora el endurecimiento de la política estadounidense hacia el gobierno cubano.
La administración de Donald Trump intensificó durante 2026 la presión económica sobre La Habana, incluyendo medidas destinadas a restringir sus fuentes de energía y divisas y mayores advertencias sobre las relaciones comerciales con entidades vinculadas al Estado cubano.

El impacto alcanza directamente al turismo, una actividad particularmente sensible debido al peso que tienen las empresas estatales en la propiedad y operación de hoteles e infraestructura turística.
La combinación de las sanciones estadounidenses con la delicada situación económica interna está generando un escenario cada vez más complejo para operadores, aerolíneas y grupos hoteleros que trabajan con el destino.
Grandes cadenas internacionales reducen su presencia
La crisis también comienza a reflejarse en la presencia de algunos de los principales actores internacionales.
En los últimos meses, grupos hoteleros extranjeros como las españolas Meliá, Iberostar y Barceló, la canadiense Blue Diamond, la indonesia Archipelago International y la turca ATG redujeron o abandonaron operaciones en establecimientos de la isla.
Durante décadas, la participación de compañías extranjeras mediante contratos de administración permitió a Cuba desarrollar una importante infraestructura de resorts, especialmente en sus destinos de sol y playa.
La pérdida de operadores internacionales supone ahora un desafío adicional: no solamente afecta la gestión de los establecimientos, sino también su comercialización en los grandes mercados emisores.

De 4,6 millones de turistas a una fracción de aquella cifra
El desplome de 2026, sin embargo, no comenzó este año. Cuba ya venía mostrando enormes dificultades para recuperar los niveles turísticos que había alcanzado antes de la pandemia.
En 2018 recibió aproximadamente 4,6 millones de visitantes internacionales, mientras que en 2019 la cifra se ubicó alrededor de los 4,2 millones.
La recuperación posterior quedó muy lejos de esos registros.
En 2023 llegaron unos 2,4 millones de turistas y en 2024 apenas 2,2 millones, confirmando que el destino no conseguía recuperar el volumen que había tenido durante sus mejores años.
Ahora, los apenas 419.863 visitantes extranjeros contabilizados hasta julio de 2026 muestran una nueva dimensión de la crisis.

Un problema mucho mayor que los hoteles vacíos
Para Cuba, perder turistas tiene consecuencias que van mucho más allá de la ocupación hotelera.
El sector constituye una importante fuente de divisas extranjeras y genera actividad para restaurantes, transporte, excursiones, comercios y numerosos servicios vinculados directa o indirectamente con los viajeros.
También es una de las pocas industrias cubanas con capacidad para captar grandes cantidades de moneda extranjera.
Por eso, una caída del 62% en apenas un año representa un golpe especialmente duro para una economía que ya enfrenta serios problemas de abastecimiento y energía.
Cuba conserva algunos de los activos turísticos más importantes del Caribe: playas reconocidas internacionalmente, ciudades históricas, patrimonio cultural y una identidad que durante décadas la convirtió en uno de los destinos más singulares de la región.
El problema ya no parece ser la falta de atractivos. El desafío es conseguir que los turistas vuelvan. Y las cifras de 2026 muestran que, por ahora, están haciendo exactamente lo contrario.











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