Por Ariel Ferrero / SunnyNews & FMGN
El aumento del costo de comer fuera de casa vuelve a golpear el bolsillo en Estados Unidos y también afecta directamente a los turistas. El burrito, durante años sinónimo de comida abundante y económica, puede alcanzar los 20 dólares y se convirtió en símbolo de un problema mucho mayor: cuánto cuesta hoy alimentarse durante un viaje por el país.

Estados Unidos enfrenta una nueva discusión sobre el costo de vida y esta vez el protagonista no es el precio de una vivienda, un automóvil o un pasaje aéreo. Es un burrito.
Uno de los platos más populares y tradicionalmente económicos del país puede alcanzar ya los 20 dólares, una cifra que desató una fuerte polémica y que refleja un fenómeno que cualquier turista percibe rápidamente al visitar las principales ciudades estadounidenses: comer afuera dejó de ser barato.
El debate escaló incluso al terreno político. Fox News puso el foco sobre los precios del popular plato mexicano y sobre la creciente preocupación dentro del Partido Republicano por el impacto que el costo de vida podría tener en las elecciones de mitad de mandato de noviembre.
De comida económica a gasto importante
El burrito se convirtió durante décadas en una de las soluciones favoritas para conseguir una comida rápida, abundante y relativamente barata en Estados Unidos.
Arroz, frijoles, carne, vegetales, queso y diferentes salsas dentro de una tortilla permitían resolver un almuerzo o una cena sin afectar demasiado el presupuesto.
Eso está cambiando. En Washington, por ejemplo, el precio de un burrito para llevar en dos conocidas cadenas puede oscilar actualmente entre US$6,50 y US$13,50, dependiendo de los ingredientes. En determinados establecimientos y con adicionales, la cuenta puede acercarse o alcanzar los US$20.
Y hay un detalle fundamental para los viajeros extranjeros: el precio exhibido en el menú no siempre representa el gasto final.
Al valor inicial pueden sumarse impuestos, bebidas, ingredientes adicionales y, cuando existe servicio de mesa, la propina. Así, una comida aparentemente económica puede terminar bastante por encima del presupuesto originalmente calculado.

El nuevo presupuesto del turista
El problema excede ampliamente al burrito. Desayunar, tomar un café, almorzar o cenar se convirtió en uno de los componentes que más atención requiere al preparar el presupuesto de unas vacaciones en Estados Unidos.
El impacto resulta particularmente visible en grandes destinos turísticos como Nueva York, Miami, Los Ángeles, Orlando, Las Vegas o Washington, donde los viajeros además deben afrontar tarifas hoteleras, transporte, entradas a atracciones y otros gastos cotidianos.
Una familia que realiza dos comidas diarias fuera del hotel puede encontrarse con una diferencia de cientos de dólares al finalizar una estadía de una semana.
Por eso también están cambiando algunos hábitos. Supermercados, food halls, delis, cadenas rápidas, menús promocionales y habitaciones de hotel que incluyen desayuno vuelven a ganar importancia entre viajeros que buscan controlar gastos sin renunciar al viaje.
La gastronomía también siente la presión
Los restaurantes tampoco están inmunes al aumento de costos. Ingredientes, salarios, alquileres, seguros, energía y transporte forman parte de una estructura cada vez más cara que termina trasladándose, al menos parcialmente, al menú.
Para los establecimientos aparece además un delicado equilibrio: subir demasiado los precios puede provocar que los consumidores reduzcan visitas, eliminen adicionales o directamente busquen alternativas más económicas.
El resultado es una transformación silenciosa del consumo. El viajero continúa saliendo a comer, pero compara más precios, busca promociones y selecciona con mayor cuidado dónde gastar.

De la mesa a la política
El precio del burrito terminó incluso ingresando en la campaña electoral estadounidense. Dentro del Partido Republicano existe preocupación por que la percepción sobre el costo de vida termine perjudicando a Donald Trump y a los candidatos del partido en las elecciones legislativas de noviembre.
La guerra contra Irán y su impacto sobre los combustibles añadieron otra fuente de presión sobre los bolsillos estadounidenses, haciendo que la denominada affordability —la capacidad real de las personas para pagar bienes y servicios cotidianos— vuelva al centro del debate.
Y pocas cosas permiten visualizar ese problema de manera tan sencilla como una comida.

Estados Unidos sigue seduciendo, pero viajar cuesta más
Estados Unidos continúa siendo uno de los grandes destinos turísticos mundiales, con una oferta difícil de igualar en ciudades, parques temáticos, entretenimiento, compras, gastronomía y naturaleza.
Pero el presupuesto necesario para recorrerlo está cambiando. El alojamiento y los pasajes siguen siendo los dos grandes gastos de cualquier viaje internacional, aunque la comida comienza a ocupar una porción cada vez más relevante.
Por eso, aquel burrito que durante años representó la posibilidad de comer bien gastando poco hoy funciona como una pequeña radiografía de algo mucho más grande.
Cuando hasta la comida rápida puede acercarse a los US$20, calcular cuánto cuesta realmente comer durante las vacaciones deja de ser un detalle y pasa a formar parte central de la planificación del viaje.











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