Luis de la Colina: el cordobés que encontró su lugar en Nueva York y lleva más de 30 años mostrándosela a los latinoamericanos

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Llegó para ayudar a su tío en un negocio familiar, acompañó a la familia Maradona cuando Diego brillaba en el Napoli y terminó construyendo una vida dedicada a acercar Nueva York a miles de viajeros de América Latina.

Por Ariel Ferrero / SunnyNews & FMGN

Hay personas que conocen Nueva York. Y hay otras que la viven. Que entienden sus ritmos, sus transformaciones, sus secretos y esos rincones que no aparecen en las guías turísticas.

Luis de la Colina pertenece a ese segundo grupo.

Hace más de tres décadas que este cordobés recorre las calles de la ciudad más famosa del mundo. Y durante todo ese tiempo ayudó a miles de viajeros latinoamericanos a descubrir una Nueva York diferente: más cercana, más auténtica y profundamente humana. Pero su historia comenzó lejos de Manhattan.

Nacido en Córdoba y graduado como ingeniero agrónomo, llegó a Estados Unidos para colaborar con su tío José de la Colina, uno de los pioneros del turismo receptivo para argentinos en Nueva York.

Lo que parecía una experiencia temporal terminó convirtiéndose en el proyecto de toda una vida.

“Venía a ayudar durante los veranos. Después conocí a Claudia, nos casamos acá y me quedé. Y cuando uno mira para atrás, se da cuenta de que ya pasaron más de treinta años”, cuenta entre risas.

Cuando todo comenzó con la familia Maradona

Entre sus primeros recuerdos ligados al turismo hay uno que todavía conserva con especial cariño.

A fines de los años 80 tuvo la oportunidad de acompañar durante varios días a la familia de Diego Armando Maradona, que por entonces era la máxima estrella del Napoli y uno de los deportistas más famosos del planeta.

“Todo empezó más o menos en 1989, cuando vino la familia Maradona de vacaciones. Los acompañamos varios días recorriendo la ciudad y fue una experiencia extraordinaria. Compartimos almuerzos, paseos y momentos muy lindos”, recuerda.

Aquella experiencia le permitió descubrir algo que terminaría definiendo su forma de trabajar: la importancia de que cada visitante se sintiera acompañado y bien recibido.

Muchos años después, esa misma filosofía seguiría siendo el corazón de su proyecto.

Testigo privilegiado de una ciudad que cambió para siempre

Pocos pueden contar la transformación de Nueva York como alguien que la vivió desde adentro.

Luis llegó cuando Times Square estaba lejos de ser el ícono turístico actual.

“La calle 42 era completamente distinta. Había negocios para adultos, zonas muy deterioradas y muchos turistas evitaban caminar por allí de noche”, recuerda.

Hoy, donde antes había abandono, se levantan teatros de Broadway, hoteles, restaurantes y algunas de las atracciones más visitadas del mundo.

“La transformación fue impresionante. Ver cómo cambió la ciudad en todos estos años fue realmente increíble.”

También fue testigo de los gobiernos que impulsaron esa renovación urbana, de los cambios económicos, de la recuperación de distintos barrios y de la evolución constante de una ciudad que parece reinventarse todos los días.

Una Nueva York que no aparece en las guías

Con el tiempo entendió algo fundamental. Los viajeros ya no buscan solamente sacarse una foto frente a los lugares emblemáticos. Quieren vivir la ciudad. Quieren sentirla.

Por eso desarrolló una propuesta turística diferente, basada en experiencias personalizadas y en una mirada mucho más profunda sobre Nueva York.

“Hay una Nueva York que no aparece en las guías”, suele decir.

Y esa frase resume perfectamente su filosofía.

A través de ArgeNYC Travel, Luis comenzó a mostrar una ciudad que va mucho más allá de los grandes clásicos: barrios con identidad propia, experiencias gastronómicas, clubes de jazz, recorridos culturales, rincones escondidos de Brooklyn, Harlem y Queens, rooftops con vistas inolvidables y pequeñas historias que ayudan a comprender el verdadero espíritu neoyorquino.

Entre artistas, periodistas y viajeros

Su trabajo también lo acercó a músicos, actores, periodistas y figuras reconocidas de distintos países.

Durante años recibió artistas latinoamericanos, participó en entrevistas para medios de comunicación y colaboró en innumerables producciones vinculadas al turismo.

Sin embargo, asegura que lo más gratificante sigue siendo el contacto cotidiano con los viajeros.

“Uno nunca se aburre. Siempre hay algo nuevo para descubrir. Nueva York cambia constantemente y eso la hace única.” Esa pasión sigue intacta después de más de treinta años.

Luis de la Colina y Ariel Ferrero en Nueva York. Más que un guía turístico, Luis se convirtió con los años en un amigo, anfitrión y compañero de innumerables historias en la ciudad que nunca duerme.

El argentino que encontró su hogar en Nueva York

Hoy Luis vive en Nueva Jersey, a pocos minutos de Manhattan.Desde allí continúa recorriendo la ciudad casi todos los días.

Y aunque conoce cada rincón, sigue hablando de Nueva York con el entusiasmo de alguien que acaba de descubrirla. Quizás esa sea la clave de su éxito.

Porque más allá de los tours, los traslados o las excursiones, Luis de la Colina construyó algo mucho más valioso: un puente entre Latinoamérica y Nueva York.

Miles de viajeros conocieron la ciudad de su mano. Muchos llegaron como turistas. Y no pocos terminaron convirtiéndose en amigos.

En una ciudad donde todo parece moverse a una velocidad vertiginosa, Luis logró algo poco común: encontrar una manera propia de mostrar Nueva York.

Una ciudad que, incluso después de décadas, todavía sigue encontrando nuevas formas de sorprenderlo.

Por Ariel Ferrero
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