POR ARIEL FERRERO / SUNNYNEWS & FMGN
Una de las experiencias turísticas más tradicionales de Manhattan podría desaparecer definitivamente en 2028. El alcalde Zohran Mamdani y el Concejo Municipal alcanzaron un acuerdo para prohibir los paseos en carruajes tirados por caballos, en medio de una larga controversia por el bienestar animal y el futuro de los trabajadores del sector.

Durante más de un siglo y medio, los carruajes tirados por caballos formaron parte del paisaje de Central Park. Para millones de turistas, recorrer los senderos del parque neoyorquino a bordo de uno de estos vehículos representó una experiencia romántica, casi cinematográfica, que parecía transportar a los visitantes a otra época.
Pero esa postal clásica de Nueva York podría tener los días contados.
El alcalde Zohran Mamdani y la presidenta del Concejo Municipal, Julie Menin, alcanzaron un acuerdo para avanzar con la prohibición definitiva de los carruajes, una medida que será sometida a votación el próximo 22 de octubre y que, de aprobarse, entraría en vigor en 2028.
La decisión marcaría el final de una tradición turística de más de 150 años y representaría una victoria histórica para las organizaciones defensoras de los animales, que durante décadas denunciaron las condiciones de trabajo de los caballos en las calles de Manhattan.
Una tragedia que aceleró el debate
La discusión sobre el futuro de los carruajes no es nueva. Sin embargo, durante el último verano boreal adquirió una nueva dimensión tras la muerte de Romanach Mahajan, un joven turista de la India que visitaba Nueva York junto a sus padres y su hermano menor.
El visitante falleció después de ser arrojado al suelo por un caballo desbocado, en un episodio que reavivó las críticas contra la actividad.
El accidente se sumó a una serie de incidentes relacionados con caballos registrados dentro y en las inmediaciones de Central Park.
Desde mayo de 2025 se habían reportado al menos ocho episodios de este tipo, lo que intensificó la presión sobre las autoridades municipales.
Las organizaciones animalistas sostienen desde hace años que los caballos no deberían trabajar en un entorno urbano caracterizado por el tránsito intenso, el ruido, las altas temperaturas del verano y las exigencias físicas de las jornadas laborales.

¿Qué pasará con los cocheros?
Uno de los puntos más sensibles de la iniciativa es el futuro de las personas que dependen económicamente de los paseos turísticos.
Mamdani había manifestado en julio que compartía el espíritu de la prohibición, pero consideraba insuficientes las medidas de protección para los trabajadores.
El acuerdo alcanzado con el Concejo Municipal contempla que la ciudad pueda evaluar indemnizaciones para los cocheros, además de ofrecer programas de capacitación, reconversión profesional y orientación laboral.
El alcalde aseguró que su administración trabajará para proteger tanto a los conductores y propietarios de los carruajes como a los propios animales.
El desafío será encontrar una transición que permita poner fin a la actividad sin dejar desprotegidas a las familias que durante generaciones vivieron de este negocio.
Un negocio de licencias que pueden superar los 300.000 dólares
Detrás de los paseos en carruaje existe una actividad económica considerable.
Actualmente, el servicio funciona mediante 68 licencias especiales, conocidas como medallones, cuya cantidad se mantiene prácticamente sin modificaciones desde las décadas de 1940 y 1950.
Al igual que sucede con las licencias de los taxis neoyorquinos, estos permisos pueden venderse o transmitirse de generación en generación.
Su valor puede superar los 300.000 dólares, mientras que algunos propietarios aseguran haber pagado hasta medio millón de dólares por una licencia.
La eventual prohibición, por lo tanto, no solamente implicaría la desaparición de una atracción turística, sino también una transformación económica para quienes invirtieron importantes sumas de dinero en el sector.

De las películas de Hollywood a una postal de Manhattan
Los carruajes forman parte de la identidad visual de Nueva York desde el siglo XIX. Sus recorridos por Central Park, especialmente durante el otoño y el invierno, se convirtieron en una de las imágenes más reconocibles de la ciudad.
La experiencia también encontró un lugar privilegiado en el cine y la televisión. Uno de sus momentos más recordados aparece en la escena inicial de Barefoot in the Park, la película protagonizada por Robert Redford y Jane Fonda, que contribuyó a consolidar la imagen romántica de los paseos en carruaje.
A lo largo de las décadas, numerosas producciones cinematográficas y series utilizaron estos vehículos como parte del escenario neoyorquino.
Para muchos visitantes, subir a un carruaje significaba revivir esa Nueva York de las películas, con sus avenidas arboladas, sus puentes históricos y los rascacielos asomando detrás de la vegetación.
Sin embargo, esa misma tradición fue cuestionada cada vez con mayor intensidad por quienes consideran que el atractivo turístico no justifica mantener animales trabajando en condiciones potencialmente perjudiciales para su bienestar.
Una batalla política que lleva décadas
El intento de prohibir los carruajes tiene una larga historia en la política municipal. En 2016, el entonces alcalde Bill de Blasio estuvo cerca de conseguir su eliminación, pero finalmente debió aceptar un acuerdo que contemplaba reducir la cantidad de caballos utilizados en el servicio, de 180 a aproximadamente 100.
También intentó trasladar los establos a las inmediaciones de Central Park. El objetivo era evitar que los animales tuvieran que desplazarse por las calles de Manhattan, entre automóviles y colectivos, para llegar hasta sus instalaciones en Hell’s Kitchen, cerca del río Hudson.
La propuesta no prosperó. Entre los principales opositores se encontraban los representantes de los Teamsters, uno de los sindicatos del transporte más poderosos de Estados Unidos, que también representa a propietarios de carruajes.
La organización defendió durante años la continuidad de una actividad considerada parte del patrimonio histórico y turístico de Nueva York.
Ryder, el caballo que se convirtió en símbolo de la polémica
Uno de los episodios que más contribuyó a cambiar la percepción pública sobre los carruajes fue el caso de Ryder.
El caballo, de 26 años, se desplomó en una calle de Manhattan hace cuatro años, después de una jornada de trabajo de casi ocho horas en medio de temperaturas extremadamente elevadas.
Las imágenes del animal caído generaron indignación y renovaron las denuncias sobre las condiciones laborales de los caballos.
Ryder murió posteriormente en una granja del estado de Nueva York y su historia se convirtió en uno de los símbolos más conocidos de la campaña para poner fin a los carruajes turísticos.
Para los defensores de los animales, su caso expuso los riesgos de mantener esta actividad en una de las ciudades más transitadas del mundo.

¿Cómo cambiará la experiencia turística de Central Park?
Central Park recibe visitantes de todo el mundo y constituye uno de los grandes atractivos gratuitos de Nueva York.
Sus senderos, lagos, puentes, jardines y espacios históricos ofrecen numerosas alternativas para recorrerlo, desde caminatas y paseos en bicicleta hasta visitas guiadas.
Los carruajes, sin embargo, ocupan un lugar particular dentro de la oferta turística por su conexión con la historia de Manhattan y su presencia constante en películas, fotografías y recuerdos de viaje.
Si el Concejo Municipal aprueba la prohibición, 2027 podría convertirse en uno de los últimos años completos para disfrutar de esta experiencia, antes de la entrada en vigor de la medida prevista para 2028.
La votación del 22 de octubre será, por lo tanto, un momento decisivo para el futuro de una actividad que ha acompañado la transformación de Nueva York durante más de 150 años.
Entre la nostalgia por una tradición histórica, las preocupaciones por el bienestar animal y la necesidad de proteger a los trabajadores, la ciudad se prepara para cerrar uno de los capítulos más reconocibles de su historia turística.
Nueva York seguirá teniendo a Central Park como uno de sus grandes símbolos. Pero todo indica que una de sus postales más antiguas está cerca de convertirse definitivamente en parte del pasado.











Dejá una respuesta