Más allá de Venecia: Murano y Burano, las islas donde el arte se transmite de generación en generación

Raquel Warburg Avatar
POR RAQUEL WARBURG / SUNNYNEWS & FMGN

A pocos minutos de los canales venecianos, dos pequeñas islas conservan tradiciones artesanales que cautivan a viajeros de todo el mundo. El vidrio de Murano y los encajes de Burano son protagonistas de una experiencia cultural que combina historia, talleres, museos y oficios centenarios.


Venecia tiene mucho más para ofrecer que sus góndolas, sus puentes y la imponente Plaza de San Marcos. A pocos minutos de navegación, lejos del movimiento de sus principales atractivos turísticos, existe otro universo donde el tiempo parece transcurrir a un ritmo diferente y donde las manos de los artesanos siguen creando pequeñas obras de arte como lo hicieron durante siglos.

Murano y Burano, dos de las islas más fascinantes de la laguna veneciana, invitan a descubrir una Italia de talleres familiares, tradiciones transmitidas entre generaciones y técnicas que sobreviven gracias a la pasión de quienes se resisten a dejarlas desaparecer.

Son destinos ideales para quienes buscan experiencias auténticas y desean conocer el patrimonio cultural italiano más allá de los circuitos tradicionales.

Murano, la isla donde el vidrio cobra vida

La historia de Murano está íntimamente ligada al arte del vidrio. Sus talleres, hornos y pequeñas tiendas forman parte de una tradición que convirtió a esta isla en una referencia mundial de la artesanía.

Entre sus expresiones más delicadas se encuentran las perlas de vidrio, pequeñas piezas elaboradas mediante técnicas ancestrales que forman parte del patrimonio cultural inmaterial reconocido por la UNESCO.

Su fabricación requiere precisión, paciencia y una habilidad que difícilmente puede aprenderse únicamente en los libros.

Una de las técnicas más características es la del vidrio trabajado a la llama, que consiste en calentar y fundir varillas de cristal para darles forma, incorporar colores y crear diseños únicos.

En su taller de Murano, la artesana francesa Muriel Balensi demuestra que este oficio es mucho más que una actividad manual. Llegó a la isla hace 18 años, después de enamorarse del vidrio y decidir abandonar su vida anterior en París para dedicarse a esta tradición.

Su historia también refleja los desafíos de integrarse en una comunidad artesanal que protege celosamente sus conocimientos.

Para Balensi, trabajar el vidrio se parece a componer música: con una misma base técnica, cada creador puede desarrollar un estilo completamente diferente.

El color, las formas y la creatividad permiten transformar una simple varilla de vidrio en una pieza irrepetible.

Un patrimonio que también mueve la economía

Detrás de la belleza de los objetos de Murano existe una actividad económica que sigue siendo fundamental para la isla.

El distrito del vidrio reúne alrededor de 160 empresas, emplea a 928 personas y genera una facturación cercana a los 180 millones de euros anuales.

Si se considera el impacto sobre otras actividades vinculadas, como materias primas, energía, transporte, distribución y servicios creativos, el movimiento económico alcanza aproximadamente los 288 millones de euros.

Muchas de estas empresas son familiares y llevan apellidos que forman parte de la historia del vidrio veneciano, como Barovier, Moretti y Zanetti.

Sin embargo, mantener viva esta tradición no resulta sencillo. El elevado costo energético de los hornos, especialmente por el precio del gas, representa uno de los principales desafíos para los talleres.

A esto se suma la necesidad de incorporar nuevas tecnologías, ampliar los mercados internacionales y formar a las próximas generaciones de artesanos.

El Museo del Vidrio prepara una nueva etapa

Una visita a Murano no estaría completa sin recorrer su Museo del Vidrio, uno de los espacios culturales más importantes de la isla.

Integrado en la red de la Fundación Museos Cívicos de Venecia, el museo permite descubrir la evolución de una tradición artística que atravesó siglos y estilos.

Para 2027 están previstas importantes intervenciones en el complejo, incluida la adecuación de unos 1.300 metros cuadrados en el sector de las antiguas fábricas de cuentas de vidrio, conocidas como ex conterie.

El proyecto permitirá poner en valor piezas especialmente significativas de la producción muranesa y una selección de aproximadamente veinte lámparas representativas del siglo XXI.

Además, hasta el 30 de marzo de 2027, el museo presenta Babel, una exposición del artista Marco Toso Borella, curada junto con Chiara Squarcina.

La muestra explora las dificultades de comunicación en tiempos de redes sociales e inteligencia artificial mediante el lenguaje del vidrio y la antigua técnica del grabado sobre hoja de oro.

Burano, la isla de las casas de colores y los encajes

Si Murano es sinónimo de vidrio, Burano representa otro de los grandes tesoros artesanales de la laguna veneciana.

Conocida por sus pintorescas casas de colores intensos, esta pequeña isla es uno de los lugares más fotografiados de la región.

Pero detrás de sus fachadas multicolores se esconde una tradición mucho más profunda: la elaboración artesanal de encajes.

Durante generaciones, las mujeres de Burano desarrollaron técnicas de extraordinaria precisión, creando piezas que llegaron a ser apreciadas por su delicadeza y complejidad.

Hoy, el Museo del Encaje permite acercarse a esa historia y observar cómo las maestras artesanas continúan trabajando con agujas e hilos, preservando conocimientos que se transmiten de generación en generación.

El interés turístico por este patrimonio sigue creciendo. Durante 2025, el museo registró un aumento del 10% en sus visitantes respecto del año anterior.

Los turistas italianos representaron el 27,4% del público, seguidos por los estadounidenses, con el 15,4%, y los franceses, con el 14,4%.

Hasta el 8 de enero de 2027 puede visitarse la exposición Merletti d’Autore, dedicada especialmente a las creaciones de las décadas de 1920 y 1930.

Al mismo tiempo, programas de formación profesional buscan garantizar que este oficio encuentre nuevas generaciones dispuestas a mantenerlo vivo.

Torcello, una escapada al silencio de la laguna

El recorrido por las islas venecianas puede completarse con una visita a Torcello, un pequeño rincón que conserva una atmósfera muy diferente a la de los principales destinos turísticos.

Con apenas nueve habitantes, según el material de referencia, la isla ofrece una experiencia marcada por la tranquilidad, el paisaje de la laguna y los testimonios de su pasado histórico.

Es una alternativa especialmente atractiva para quienes desean alejarse por unas horas de las multitudes y descubrir una faceta más serena de Venecia.

Un viaje para descubrir la verdadera esencia veneciana

La preservación de estos oficios también está impulsando nuevas iniciativas culturales.

El denominado Progetto Perle, promovido por el Ayuntamiento de Venecia y la Fundación Museos Cívicos, combina conservación, formación, innovación digital y herramientas de realidad virtual, incluido el desarrollo de un archivo tridimensional.

La propuesta busca proteger una herencia cultural que no solamente se conserva en vitrinas, sino que continúa viva en los talleres y en las manos de los artesanos.

Para los viajeros, visitar Murano y Burano representa mucho más que comprar un recuerdo o fotografiar una calle colorida.

Es la posibilidad de entrar en contacto con historias familiares, observar procesos de creación centenarios y comprender por qué determinados oficios forman parte de la identidad de un destino.


Relacionado: