Por Ariel Ferrero / SunnyNews & FMGN
Lejos de los circuitos más conocidos, Placencia y Toledo proponen descubrir un Caribe diferente: playas, arrecifes, selva, comunidades mayas, sitios arqueológicos y una ruta del cacao que conecta al viajero con las raíces del destino.

MIAMI.- Belize suele despertar imágenes de aguas turquesas, cayos perdidos en el Caribe y uno de los sistemas de arrecifes más extraordinarios del planeta. Pero basta viajar hacia el sur para descubrir otra cara del país, donde el mar se encuentra con las montañas, la selva protege antiguos vestigios mayas y el cacao todavía cuenta historias de generaciones.
Placencia y Toledo permiten construir un viaje que combina dos experiencias muy diferentes y, al mismo tiempo, complementarias: unos días frente al Caribe y una inmersión posterior en la naturaleza y la diversidad cultural beliceña.
Placencia: 26 kilómetros frente al Caribe
Ubicada en el extremo sur del distrito de Stann Creek, Placencia se extiende sobre una península con aproximadamente 26 kilómetros de playas al este y tranquilas lagunas al oeste.
Aquí conviven resorts frente al mar, pequeños hoteles, villas y alojamientos familiares con el espíritu de un antiguo pueblo pesquero.
Uno de los lugares que mejor resume ese ambiente es Placencia Sidewalk, una estrecha vía peatonal alrededor de la cual aparecen galerías, pequeños comercios, bares, cafés, restaurantes y coloridas construcciones de madera.
Pero el gran protagonista sigue siendo el mar.
La ubicación de Placencia facilita las excursiones hacia la Barrera de Coral de Belize, declarada Patrimonio Mundial por la UNESCO, y hacia cayos como Laughing Bird Caye y Silk Cayes.
Es territorio para practicar snorkel y buceo entre peces tropicales, tortugas, rayas y tiburones nodriza. También es posible recorrer en kayak o paddleboard las aguas más tranquilas de la laguna y sus manglares, donde pueden observarse aves y, con algo de suerte, manatíes y delfines.
Entre marzo y junio, además, las aguas próximas a Gladden Spit pueden recibir la visita de tiburones ballena, aunque los encuentros dependen de las condiciones naturales y nunca están garantizados.

De la playa a la selva
Uno de los atractivos del sur de Belize es que no obliga a elegir entre Caribe y aventura.
A relativamente poca distancia de Placencia aparecen lugares como el Cockscomb Basin Wildlife Sanctuary, conocido por su trabajo de conservación del jaguar, y el Mayflower Bocawina National Park, donde los viajeros pueden combinar senderismo, cascadas y actividades de aventura.
Y siguiendo hacia el sur, el paisaje comienza a cambiar nuevamente.

Toledo, el Belize menos conocido
El distrito de Toledo conserva una identidad profundamente vinculada con sus comunidades. Allí viven principalmente poblaciones maya Kekchí y Mopán, junto con comunidades garífunas, criollas y de otros orígenes que forman parte del mosaico cultural del país.
Su capital, Punta Gorda, funciona como puerta de entrada a una región de mercados, pequeños pueblos, selva, ríos, sitios arqueológicos y explotaciones agrícolas.
Y entre todos sus productos hay uno que ocupa un lugar especial: el cacao.
Toledo es considerado el corazón chocolatero de Belize y permite conocer un proceso que comienza mucho antes de abrir una tableta.
Las experiencias vinculadas al cacao muestran técnicas tradicionales mayas, desde la cosecha y extracción hasta la fermentación, secado y tostado de las semillas, para terminar con su molienda sobre piedra.
Cada mayo, esa tradición adquiere protagonismo con el Festival del Chocolate, que reúne gastronomía, productores artesanales, música y expresiones culturales de la región.
Tras las huellas de los mayas
El viaje también conduce hacia algunos de los principales sitios arqueológicos del sur del país.
Nim Li Punit conserva plazas rodeadas por vegetación y una importante colección de estelas talladas, mientras que Lubaantún sorprende por sus construcciones de piedra caliza ensambladas sin mortero, pirámides de esquinas redondeadas y antiguas canchas para el juego de pelota.
Pero la cultura maya en Toledo no pertenece solamente al pasado.
En comunidades como Big Falls, los visitantes pueden participar de experiencias organizadas por familias locales, conocer técnicas de cocina tradicional, preparar tortillas a mano, escuchar música y acercarse a una forma de vida que continúa transmitiéndose entre generaciones.
Punta Gorda suma la herencia garífuna y criolla, particularmente visible durante los días de mercado y en su gastronomía, artesanías y música.
Cuevas, cascadas y cayos casi secretos
Para los viajeros más aventureros, Toledo guarda todavía más sorpresas.
La cueva Hokeb Ha, en Blue Creek, combina caminatas por la selva con pasadizos de piedra caliza y piscinas naturales. El Parque Nacional Río Blanco permite nadar junto a cascadas rodeadas de bosque, mientras que Big Falls ofrece actividades como tirolesa y river tubing.
Incluso desde el extremo sur todavía se puede regresar al Caribe: desde Punta Gorda parten excursiones hacia Snake Caye y Sapodilla Cayes Marine Reserve, con arrecifes, playas y lugares para practicar snorkel alejados de los sectores más transitados.

Dormir también puede ser parte de la experiencia
Placencia concentra la mayor variedad, desde resorts boutique y propiedades enfocadas en bienestar hasta pequeños hoteles, casas de huéspedes y villas cercanas a restaurantes y bares.
Toledo propone algo diferente: eco-lodges en medio de la selva, fincas vinculadas con el cacao y el agroturismo y alojamientos gestionados por comunidades mayas, además de las opciones disponibles en Punta Gorda.
La elección puede cambiar completamente el viaje: despertarse frente al Caribe, escuchar las aves desde una cabaña rodeada de selva o compartir una comida preparada por una familia local son experiencias muy diferentes dentro de un territorio relativamente pequeño.
Cómo llegar a Placencia
Desde el Aeropuerto Internacional Philip S. W. Goldson, próximo a Belize City, Placencia está conectada mediante vuelos domésticos de alrededor de 30 minutos operados por Maya Island Air y Tropic Air.
Para quienes prefieren recorrer el país por tierra, el trayecto toma aproximadamente tres horas y permite atravesar la pintoresca Hummingbird Highway, entre montañas y vegetación tropical.
Belize tiene un Caribe mundialmente conocido. El sur demuestra que el destino es mucho más que sus playas: detrás del mar aparecen pueblos, selva, cacao, arqueología y culturas vivas que permiten descubrir el país a otro ritmo.
Más información para planificar el viaje en el sitio oficial de Travel Belize.











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