LAS SIETE IGLESIAS: UN VIAJE POR EL CORAZÓN DE ANATOLIA

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Por Ariel Ferrero / SunnyNews & FMGN

Entre ciudades romanas, templos milenarios, viñedos y paisajes del Egeo, el oeste de Turquía guarda una de las rutas culturales más fascinantes del mundo. Las antiguas Siete Iglesias del Apocalipsis permiten recorrer más de dos mil años de historia y descubrir lugares como Éfeso, Pérgamo, Esmirna, Sardes y Laodicea.


Turquía es uno de esos destinos donde viajar unos pocos kilómetros puede significar atravesar siglos de historia. Hititas, griegos, romanos, bizantinos, selyúcidas y otomanos dejaron sus huellas sobre un territorio que durante milenios funcionó como puente entre Europa y Asia.

En el oeste del país, entre la costa del Egeo, fértiles valles y montañas, existe una ruta que reúne arqueología, historia, cultura y espiritualidad: las Siete Iglesias del Apocalipsis.

Se trata de las antiguas comunidades cristianas de Éfeso, Esmirna, Pérgamo, Tiatira, Sardes, Filadelfia y Laodicea, mencionadas en el Libro del Apocalipsis del Nuevo Testamento.

Pero no hace falta emprender el viaje movido por la fe para quedar fascinado por este recorrido.

Las ciudades permiten descubrir cómo funcionaban algunos de los principales centros urbanos de Asia Menor, cómo se desarrollaba el comercio en tiempos del Imperio romano y de qué manera diferentes pueblos, religiones y culturas convivieron durante siglos en una de las regiones estratégicas del Mediterráneo antiguo.

UN VIAJE POR EL OESTE DE TURQUÍA

La mayor parte del itinerario se concentra en las actuales provincias de İzmir y Manisa, en una región donde las ruinas arqueológicas conviven con ciudades modernas, mercados, viñedos, pueblos tradicionales y una gastronomía fuertemente marcada por los productos del Egeo.

Es precisamente esa combinación la que transforma la ruta en algo más que una sucesión de sitios históricos.

En un mismo viaje es posible caminar por avenidas de mármol utilizadas hace dos mil años, observar las columnas de antiguos templos y, pocas horas después, sentarse frente al mar en İzmir o descubrir la cocina y los vinos de la región.

La iglesia de la Virgen María (Yoldath Aloho), incluida en la lista provisional del Patrimonio Mundial de la UNESCO.

ÉFESO, UNA METRÓPOLIS CONGELADA EN EL TIEMPO

Éfeso es probablemente la gran estrella del recorrido y uno de los sitios arqueológicos más espectaculares de Turquía.

La antigua ciudad llegó a convertirse en una de las mayores y más prósperas metrópolis del Imperio romano y actualmente forma parte de la lista del Patrimonio Mundial de la UNESCO.

Caminar por Éfeso significa internarse literalmente en una ciudad de la Antigüedad.

Sus calles de mármol conducen hasta la célebre Biblioteca de Celso, mientras que el Gran Teatro recuerda la dimensión que alcanzó la ciudad: podía albergar a alrededor de 25.000 espectadores.

Templos, baños romanos, plazas públicas y antiguas residencias decoradas con mosaicos completan un escenario monumental.

Éfeso fue además un importante punto de encuentro para comerciantes procedentes de diferentes regiones del Mediterráneo y se consolidó como centro de comercio, educación y pensamiento.

En sus alrededores aparecen otros dos lugares fundamentales: la Casa de la Virgen María, vinculada por la tradición cristiana con los últimos años de María, y los restos del Templo de Artemisa, considerado una de las Siete Maravillas del Mundo Antiguo.

ESMIRNA, DONDE EL PASADO CONVIVE CON LA CIUDAD MODERNA

La antigua Esmirna sobrevive en pleno corazón de la actual İzmir, una de las grandes ciudades de Turquía y principal puerta de entrada para quienes desean recorrer la región.

Su Ágora conserva arcos, patios y galerías subterráneas que permiten imaginar la actividad de una ciudad romana que sobrevivió a terremotos, reconstrucciones y siglos de transformaciones.

Pero İzmir ofrece además algo diferente dentro del itinerario: la posibilidad de combinar arqueología con una experiencia urbana contemporánea.

Después de recorrer las ruinas, el viajero puede caminar junto al Egeo, descubrir mercados, cafés y galerías de arte o explorar una escena gastronómica que convierte a la ciudad en uno de los destinos más atractivos de la costa turca.

PÉRGAMO, UNA CIUDAD SOBRE LAS ALTURAS

Cerca de la actual Bergama se encuentran los restos de Pérgamo, uno de los grandes centros políticos e intelectuales de la Antigüedad.

Su acrópolis domina el paisaje desde lo alto de una colina y todavía conserva vestigios de palacios, templos y uno de los teatros antiguos construidos sobre una de las pendientes más pronunciadas.

Allí funcionó también la legendaria Biblioteca de Pérgamo, considerada una de las más importantes del mundo antiguo después de la de Alejandría.

La ciudad quedó además asociada para siempre con el pergamino, el material de escritura cuyo nombre deriva precisamente de Pérgamo y que desempeñó un papel fundamental en la conservación y transmisión del conocimiento.

La visita puede extenderse hasta el Asclepeion, uno de los grandes centros médicos y de sanación de la Antigüedad.

TIATIRA, LA VIDA COTIDIANA DEL IMPERIO

No todas las ciudades de la ruta fueron grandes capitales.

Tiatira, situada en la actual Akhisar, permite conocer otra cara del mundo romano: la de los artesanos, comerciantes y trabajadores que sostenían la economía cotidiana del imperio.

La ciudad alcanzó notoriedad por sus textiles, talleres de tintura y gremios profesionales.

Los restos de calles, columnas, basílicas y edificios públicos ayudan a reconstruir la vida de un centro comercial donde mercancías, personas y culturas se encontraban permanentemente.

Precisamente por no poseer la monumentalidad de Éfeso o Pérgamo, Tiatira ofrece una mirada diferente y más íntima sobre la vida en Anatolia hace dos mil años.

SARDES, FILADELFIA Y LAODICEA

Las últimas tres escalas completan un extraordinario mosaico de civilizaciones.

Sardes fue la poderosa capital del antiguo Reino de Lidia y quedó para siempre asociada con el legendario rey Creso y con el desarrollo de algunas de las primeras monedas de la historia.

Su monumental gimnasio, la antigua sinagoga y las calles romanas hablan de una ciudad rica y multicultural.

Filadelfia, la actual Alaşehir, conserva restos de fortificaciones bizantinas y testimonios de los primeros siglos del cristianismo. A su alrededor se extienden viñedos que mantienen una tradición agrícola iniciada hace miles de años y que siguen formando parte del paisaje y de la economía regional.

Y finalmente aparece Laodicea, cerca de Denizli.

La antigua ciudad se convirtió en los últimos años en escenario de uno de los grandes proyectos arqueológicos y de restauración de Turquía. Sus avenidas monumentales, teatros, templos, fuentes e iglesias permiten comprender la sofisticación alcanzada por una ciudad que llegó a estar entre las más ricas de Asia Menor.

MUCHO MÁS QUE UNA RUTA RELIGIOSA

El nombre de las Siete Iglesias inevitablemente remite al cristianismo y al Libro del Apocalipsis. Sin embargo, limitar el recorrido únicamente a su dimensión religiosa sería dejar afuera buena parte de su atractivo.

La ruta cuenta también la historia del nacimiento y caída de grandes ciudades, del comercio entre Oriente y Occidente, de la arquitectura romana, de las primeras comunidades urbanas cristianas y de una región que durante siglos estuvo en el centro de las rutas que comunicaban Asia con Europa.

También permite descubrir otra Turquía, alejada de los circuitos más conocidos de Estambul o Capadocia.

Aquí el viaje transcurre entre olivares, viñedos y montañas; entre mercados locales y pequeños pueblos; entre ciudades modernas y ruinas donde todavía pueden recorrerse las mismas calles que alguna vez caminaron comerciantes, filósofos, médicos y peregrinos.

Las Siete Iglesias son, en definitiva, siete puertas de entrada a un territorio donde más de dos mil años de historia permanecen extraordinariamente cerca de la superficie.


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