Por Raquel Warburg / SunnyNews & FMGN
Buscar la casa de un bisabuelo, caminar por el pueblo del que partió la familia o descubrir parientes a miles de kilómetros. Los viajes para reconstruir las propias raíces dejaron de ser una curiosidad para transformarse en una de las tendencias turísticas de 2026. El ADN, los archivos digitalizados y los árboles genealógicos están cambiando incluso la manera de elegir el próximo destino.

Hay viajes que comienzan mirando un mapa. Otros, buscando vuelos baratos, playas, hoteles o ciudades todavía desconocidas. Pero existe una nueva manera de decidir dónde viajar: mirar hacia atrás.
Un apellido. Una fotografía amarillenta. El nombre de un pequeño pueblo italiano o español. Una partida de nacimiento española. La historia de un abuelo que cruzó el Atlántico. O, ahora también, una muestra de ADN.
Los denominados “viajes genealógicos” o “turismo de raíces” se convirtieron en una de las grandes tendencias viajeras de 2026, impulsados por personas que quieren transformar la historia de sus familias en una experiencia real.
La prestigiosa revista especializada Condé Nast Traveller incluyó este fenómeno entre las principales tendencias del año y sostiene que la búsqueda de los antepasados está pasando “de ser un pasatiempo a convertirse en una peregrinación”.
Cuando el destino está en el árbol genealógico
La enorme digitalización de registros históricos y el desarrollo de las pruebas comerciales de ADN hicieron posible algo que hasta hace pocos años requería meses —o años— de investigación.
Millones de partidas de nacimiento y matrimonio, censos, registros migratorios, listas de pasajeros de barcos y documentos militares pueden hoy cruzarse con árboles genealógicos y perfiles genéticos.
El resultado puede terminar señalando sobre un mapa el lugar desde donde comenzó la historia de una familia. Y allí empieza el viaje.
“Viajar para explorar la ascendencia no es una forma de escapismo, sino de volver a casa”, resume Carrie Honaker, una de las autoras del informe de Condé Nast Traveller.
En una época dominada por las pantallas, las redes sociales y las experiencias virtuales, algunos viajeros están buscando exactamente lo contrario: algo tangible, personal y profundamente real.

Volver al pueblo de los abuelos
Italia es uno de los escenarios naturales para esta clase de turismo. Empresas especializadas como My Bella Vita Travel reconstruyen árboles genealógicos utilizando archivos oficiales, realizan investigaciones directamente en ciudades y pueblos y posteriormente diseñan itinerarios para que los viajeros puedan conocer los lugares donde vivieron sus antepasados.
La experiencia puede incluir la iglesia donde fueron bautizados, la calle donde estaba la casa familiar, un cementerio, archivos municipales o simplemente caminar por el pueblo desde el que alguien tomó un día la decisión de emigrar.
Para millones de descendientes de italianos repartidos por Argentina, Estados Unidos, Brasil, Uruguay y otros países, la posibilidad tiene además una enorme carga emocional. Ya no es solamente viajar a Italia. Es viajar a “mi Italia”.
Irlanda, África y Canadá: el mapa de los ancestros
El fenómeno se repite alrededor del mundo.
En Irlanda, la consultora genealógica Ancestors from Ireland ayuda a reconstruir historias familiares bajo una idea sencilla: descubrir de dónde provienen los antepasados permite comprender el lugar que cada familia ocupa dentro de la historia irlandesa.
En Estados Unidos, African Ancestry utiliza análisis de ADN para ayudar a personas de ascendencia africana a rastrear sus raíces hasta determinados países e incluso grupos étnicos actuales de África.
Los descubrimientos pueden terminar en viajes, encuentros familiares y reencuentros cargados de emoción.
En Canadá, Tours Accolade Québec utiliza información genealógica para diseñar recorridos personalizados.
“A medida que la genealogía se vuelve más accesible gracias a los registros digitales y las herramientas de ADN, los viajeros buscan maneras de integrar esos datos familiares abstractos en lugares y eventos históricos reales”, explicó su creador, Xavier Chambolle, a Condé Nast Traveller.

El ADN también elige destinos
Las pruebas genéticas incorporaron una nueva dimensión al turismo de raíces.
Plataformas como MyHeritage permiten analizar una muestra obtenida mediante un sencillo hisopado bucal para establecer orígenes étnicos y localizar coincidencias genéticas con personas de diferentes partes del planeta.
El siguiente paso es combinar esos resultados con la investigación documental.
Según explica Margaux Stelman, portavoz de MyHeritage, las herramientas disponibles pueden comparar árboles familiares con millones de otros árboles y cruzar esa información con alrededor de 40.000 millones de documentos históricos.
Censos, registros civiles, documentos migratorios, listas de pasajeros y otros archivos permiten pasar de un porcentaje de ADN a nombres, lugares y acontecimientos concretos.
De una computadora a una calle real
Ese salto explica buena parte del atractivo del turismo genealógico.
Una investigación puede comenzar una noche frente a una computadora y terminar meses después frente a una casa situada a miles de kilómetros.
Los mapas interactivos permiten reconstruir los lugares donde nacieron, se casaron y vivieron diferentes generaciones y hasta seguir las rutas migratorias que llevaron a una familia de un continente a otro.
Un cuadro que esperaba desde 1788
Una historia española muestra hasta dónde puede llegar esa búsqueda.
Raquel Cañizares, de Madrid, comenzó a investigar las raíces de su familia y llegó hasta Trigueros del Valle, un pequeño pueblo de Valladolid donde había vivido su bisabuela Lucila Díez Duque.
Su investigación genealógica consiguió retroceder hasta 1550 mediante documentos eclesiásticos y posteriormente incorporó pruebas de ADN y archivos históricos digitalizados.
Pero el viaje terminó revelando algo inesperado.
En la ermita de Santa María del Castillo existía desde hacía décadas una antigua pintura religiosa cuya historia se había perdido.
Una inscripción mencionaba a Mónica, hija de Juan Antonio de Diego y Teresa Ramos, una niña que había padecido una grave enfermedad y cuyos padres la encomendaron a Nuestra Señora del Castillo en 1788.
La investigación permitió relacionar aquella historia con su propio árbol familiar. De repente, una pintura que para cualquier visitante podía ser simplemente parte del patrimonio de una pequeña ermita se transformaba para ella en algo completamente diferente: una pieza de su propia historia.
El viaje más personal
El turismo lleva años buscando experiencias cada vez más personalizadas.
Hoteles diferentes, gastronomía local, viajes de aventura, bienestar, naturaleza o destinos alejados de las grandes multitudes.
El turismo genealógico lleva esa personalización mucho más lejos. Porque difícilmente exista un itinerario más exclusivo que aquel diseñado alrededor de la historia de una sola familia.
Para algunos será Sicilia. Para otros Galicia, Irlanda, Polonia, África, Portugal o un pequeño pueblo perdido en algún rincón del mundo.
Y para países profundamente marcados por la inmigración, como Argentina, esta tendencia tiene un potencial enorme.
Millones de argentinos conservan historias familiares vinculadas con Italia, España y otros países europeos, así como con comunidades de Medio Oriente y diferentes regiones del planeta.
Y así, paradójicamente, uno de los viajes más novedosos de 2026 puede ser también el más antiguo de todos: regresar al lugar donde comenzó nuestra propia historia.











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