Por Ariel Ferrero / SunnyNews & FMGN
El devastador incendio que arrasó parte del complejo turístico Viva Dominicus Beach by Wyndham y provocó la muerte de una turista italiana reabrió un debate incómodo para la industria turística de República Dominicana: hasta qué punto la infraestructura hotelera del país está preparada para enfrentar emergencias de gran magnitud.
Aunque las autoridades dominicanas se apresuraron a transmitir un mensaje de tranquilidad y a remarcar que los destinos continúan operando con normalidad, el siniestro dejó al descubierto una serie de interrogantes sobre los estándares de construcción, prevención y respuesta en algunos de los principales polos turísticos del Caribe.

Los primeros análisis técnicos indican que la rápida propagación de las llamas estuvo favorecida por una combinación de materiales altamente combustibles y condiciones climáticas adversas. Los tradicionales techos de palma o cana, utilizados por numerosos complejos para reforzar la estética tropical, volvieron a quedar bajo cuestionamiento debido a su elevada capacidad de combustión.
La velocidad con la que el fuego avanzó entre distintas estructuras puso además en evidencia las limitaciones de los sistemas convencionales de extinción cuando las llamas alcanzan techumbres vegetales y se expanden impulsadas por fuertes vientos costeros.
La emergencia obligó a movilizar recursos de múltiples ciudades cercanas, incluyendo Higüey, La Romana y San Pedro de Macorís, mientras drones con cámaras térmicas fueron utilizados para monitorear focos activos y evitar una propagación aún mayor.
Para numerosos especialistas en gestión de riesgos, el episodio abre un debate sobre la necesidad de revisar protocolos de seguridad, materiales constructivos y capacidad de respuesta en una industria que representa uno de los principales motores económicos del país.
El hecho también plantea interrogantes sobre la fiscalización estatal y la actualización de las normativas aplicadas a complejos turísticos construidos bajo conceptos arquitectónicos tradicionales que priorizan la integración paisajística pero que podrían presentar vulnerabilidades frente a incendios de gran escala.
Si bien la evacuación de 1.690 huéspedes logró evitar una tragedia aún mayor, el episodio deja una señal de alerta para un destino que recibe millones de visitantes cada año y cuya reputación internacional depende, además de sus playas y resorts, de la confianza que pueda ofrecer en materia de seguridad.
La pregunta que queda abierta es si el incendio de Bayahíbe fue un hecho aislado o el síntoma de desafíos estructurales que la industria turística dominicana deberá abordar para sostener su crecimiento y competitividad en los próximos años.














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