Por Ariel Ferrero – SunnyNews & FMGN
FitCuba intenta maquillar el derrumbe del sector en medio de políticas que ahuyentan inversión y viajeros
La crisis del turismo en Cuba suma un nuevo capítulo: la histórica feria FitCuba, principal vidriera del país para atraer visitantes e inversiones, se realizará en formato virtual. Una decisión que el gobierno presenta como innovadora, pero que en el sector se interpreta como una señal clara del deterioro estructural del destino.
“Si los operadores no pueden venir a Cuba, iremos nosotros a ellos”, fue el argumento oficial para justificar el giro digital. Según el diario estatal Granma, en menos de dos días la plataforma online registró cientos de inscripciones de agencias y tour operadores de todo el mundo, incluso algunos que nunca habían participado antes.

Sin embargo, detrás del relato optimista, los números son contundentes: en 2025 la isla recibió apenas 1.810.663 visitantes internacionales, un 18% menos que en 2024 y el peor registro desde 2002 (excluyendo la pandemia). En 2026, lejos de revertirse, la tendencia sigue en caída.
El problema no es solo coyuntural. Analistas del sector coinciden en que las políticas internas —falta de incentivos reales a la inversión privada, infraestructura deteriorada, problemas energéticos y restricciones operativas— están erosionando la competitividad del destino frente a otros países del Caribe que avanzan con modelos más abiertos y dinámicos.
A esto se suma el impacto del embargo energético de Estados Unidos, que complica aún más la logística y el funcionamiento de la industria turística en la isla.
FitCuba, históricamente concebida como un espacio presencial clave para cerrar negocios, atraer cadenas hoteleras y diversificar la oferta más allá del clásico sol y playa, pierde así uno de sus principales activos: el contacto directo. La virtualización puede ampliar el alcance, pero difícilmente compense la falta de confianza del mercado.

En paralelo, destinos competidores como República Dominicana, México o incluso mercados emergentes del Caribe están captando la demanda que Cuba pierde, con políticas más previsibles, conectividad aérea en expansión y estrategias agresivas de promoción.
La postal es clara: mientras el gobierno intenta mostrar “récord de adhesiones” en una plataforma online, el turismo real —el que genera divisas, empleo y desarrollo— sigue en retroceso. Y sin cambios profundos en la política económica y turística, el riesgo es que la crisis deje de ser coyuntural para convertirse en estructural.
Por Ariel Ferrero












Dejá una respuesta