✨ Queen Mary 2 regresa a Los Ángeles y revive la era dorada de los grandes transatlánticos

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Por Raquel Warburg – SunnyNews & FMGN

La Queen Mary 2 arribó esta semana al Port of Los Angeles, marcando un regreso histórico del único transatlántico oceánico en servicio activo del mundo. La escala forma parte de su Viaje Mundial 2026 de 108 noches, uno de los itinerarios más ambiciosos del turismo marítimo de lujo.

El arribo a California del Sur tuvo un condimento especial: ocurrió apenas días después de que el icónico buque realizara su primer tránsito por las nuevas esclusas del Panama Canal. Un hito técnico y simbólico que reforzó el atractivo global del viaje y posicionó a la QM2 como protagonista del renacer del heritage cruising.

Un regreso esperado tras 17 años

La última vez que la Queen Mary 2 había atracado en la región fue hace 17 años. Su llegada congregó a miles de entusiastas y curiosos en el waterfront de San Pedro, que se acercaron para presenciar una entrada majestuosa, cargada de historia y nostalgia marítima.

El “Reencuentro de las Reinas”

El momento más esperado de la jornada fue el histórico “Reunion of the Queens”. Por primera vez en dos décadas, la QM2 rindió homenaje a su legendaria antecesora, el RMS Queen Mary, hoy convertida en hotel y museo flotante en Long Beach.
Este simbólico “saludo entre monarcas” generó un impacto inmediato en la economía local: el hotel Queen Mary reportó ocupación plena (100%) durante el fin de semana.

Turismo de lujo, slow travel y valor patrimonial

Con 2.600 pasajeros a bordo, la escala en Los Ángeles combina glamour hollywoodense y legado naval antes de continuar rumbo a Hawái y el Pacífico Sur. El Viaje Mundial 2026 se consolidó además como emblema del movimiento slow travel, donde viajeros de alto poder adquisitivo privilegian experiencias prolongadas, inmersivas y culturales por sobre los traslados rápidos.

Al zarpar esta noche hacia el oeste, la Queen Mary 2 deja tras de sí algo más que una postal inolvidable: renueva el interés del público por la edad de oro de los viajes oceánicos, demostrando que, incluso en la era de los mega cruceros, el romanticismo del transatlántico sigue más vivo que nunca.

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