Mariano Castiglioni, el tatuador argentino que vivió la revolución del tattoo de Buenos Aires a Nueva York

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Por Ariel Ferrero – SunnyNews & FMGN

Mariano Castiglioni empezó a tatuar a los 17 años, cuando el tatuaje todavía era marginal e incluso ilegal en Estados Unidos. Tres décadas después, repasa una vida entre tinta, viajes y la transformación del arte corporal en fenómeno cultural global.

 

Del altillo de una disquería a marcar pieles en todo el mundo

Mariano Castiglioni descubrió el tatuaje casi por casualidad, a fines de los años 80, cuando tenía apenas 17 años y todavía no llevaba ni una sola marca en la piel. Fue en una disquería del centro porteño, adonde había ido a grabar un disco, cuando una imagen lo sacudió para siempre: una foto de miembros de la Yakuza japonesa completamente tatuados de pies a cabeza.

“Vi esa foto y me volví loco. Sabía que existían los tatuajes, pero nunca había visto tipos tatuados enteros, como si llevaran un traje encima”, recuerda.

Alguien en la disquería le contó que en el altillo del local trabajaba un tatuador. Subió. Y ahí ocurrió la revelación.

“El lugar era chiquito, arriba de un local dos por uno. Pero estaban los dibujos en las paredes, el olor del stencil, las máquinas… fue mágico. No lo podía creer.”

Ese primer contacto lo marcó para siempre.


⭐ El primer tatuaje y el comienzo de una vocación

Poco después llegó su primer tatuaje, con permiso peleado mediante con su familia: un logo dibujado por un ilustrador que admiraba, autor de tapas para Metallica y de la célebre calavera de “Exploited”.

Y después, inevitablemente, llegó la propuesta que le cambiaría la vida.

“Un día me preguntaron si quería aprender. El truco era que para empezar tenía que comprar el equipo: la máquina, los colores, la fuente. Ese era el costo del aprendizaje.”

Como parte de la tradición no escrita, tuvo que tatuarse a sí mismo.

“Me hice una calavera gigante en el muslo. Me hicieron hacer la línea un día y al otro día pintarla. Fue una maldad… cómo me dolió. Todavía la tengo.”

Así empezó todo.


🌍 De Buenos Aires a Europa y Nueva York

A comienzos de los años 90, Castiglioni ya tatuaba profesionalmente en Buenos Aires. Luego llegó Nueva York y Madrid.

En Nueva York trabajó en estudios históricos como Rising Dragon y Fly Rite, en una época hoy impensada: tatuar era ilegal.

“Estaba prohibido desde 1962 por un brote de hepatitis. Había estudios, pero no podían decir que tatuaban. Todo era puertas adentro, camuflado.”

Recién en 1998, gracias al trabajo de un grupo de tatuadores activistas, la prohibición fue levantada.

“Y ahí explotó todo. Se llenó la ciudad de estudios.”

Castiglioni fue testigo directo de esa transformación: del tatuaje clandestino al fenómeno cultural masivo.


🎸 De contracultura a fenómeno global

Para Castiglioni, el tatuaje nació ligado al rock y a la contracultura. Pero todo cambió con el tiempo.

“Antes todos veníamos más o menos del mismo lugar: rock, contracultura. Hoy cualquiera empieza. Eso tiene cosas buenas y cosas complicadas.”

Las redes sociales y el acceso fácil a materiales transformaron el oficio.

“Antes para comprar agujas o máquinas tenías que demostrar que trabajabas en un estudio serio. Hoy cualquiera puede comprar todo.”

Y en tiempos de crisis, advierte, aparecen los tatuajes baratos y sin control.

“Hay gente que le importa más el bolsillo que su brazo.”


🧠 Aprender toda la vida

Con más de treinta años de carrera, Castiglioni sigue estudiando.

“Nunca te vas a morir sin seguir aprendiendo.”

Aprendió las nuevas máquinas, las agujas modernas y el diseño digital con iPad, pero no abandona las herramientas clásicas: papel, calcar y lápiz.

“Hay que conocer todo. No cerrarse.”


💬 Lo que el tatuaje deja

Cuando se le pregunta qué le dio el tatuaje, no duda.

“Me dio satisfacciones enormes. Viajar, conocer culturas, formar un estudio durante 20 años, enseñar a tantos tatuadores. Y sobre todo, la gente.”

Cuenta historias de personas que llegaron avergonzadas por tatuajes mal hechos.

“Cuando los arreglás y vuelven a mostrarse, se les cambia la vida.”

Para él, el tatuaje no hay que dramatizarlo.

“Es un gusto hermoso. Algo que cada vez que lo mirás te recuerda un buen momento.”

Y agrega algo íntimo:

“Muchos clientes se vuelven amigos. Compartís horas, charlas, historias. Hay gente que viene desde hace veinte años.”


🖋️ Treinta años marcando piel e historias

Treinta años después de aquella foto de la Yakuza en una disquería porteña, Mariano Castiglioni sigue marcando pieles. Pero, sobre todo, sigue marcando historias.


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