Hielo y Aventura y el futuro del Glaciar Perito: por qué la apertura del Parque Nacional Los Glaciares pone en valor su experiencia

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Por Carlos Mira – The Post & FMGN

El cambio de reglas en uno de los escenarios naturales más emblemáticos de la Argentina abrió un debate que va mucho más allá de una concesión turística. En el centro de esa discusión aparece Hielo y Aventura, la compañía que durante décadas desarrolló —y sostuvo— la experiencia de caminar sobre el hielo en el Glaciar Perito Moreno.

Desde El Calafate, la empresa construyó una operación que no solo convirtió al trekking sobre el glaciar en uno de los productos turísticos más distintivos del país, sino que además lo hizo bajo estándares de seguridad y logística extremadamente exigentes. No se trata de una excursión convencional: implica trabajar sobre un ambiente dinámico, con riesgos naturales permanentes y condiciones climáticas cambiantes. En ese contexto, la experiencia acumulada no es un detalle, sino un activo central.

Las recientes decisiones que apuntan a abrir el juego a nuevos operadores dentro del Parque Nacional Los Glaciares parten de un diagnóstico comprensible: ampliar el acceso a una actividad que hoy alcanza a una porción limitada de los visitantes. Sin embargo, la simplificación del problema —atribuyéndolo exclusivamente a una supuesta concentración— corre el riesgo de ignorar variables clave.

El desarrollo de este tipo de producto turístico no surge de manera espontánea. Requiere inversión sostenida, conocimiento técnico específico, protocolos de seguridad estrictos y una coordinación permanente con las autoridades del parque. Hielo y Aventura no solo fue pionera en ese proceso, sino que lo consolidó hasta convertirlo en un estándar reconocido internacionalmente.

Plantear una apertura sin considerar ese recorrido implica asumir que cualquier operador puede replicar en el corto plazo lo que llevó décadas construir. Y en un entorno como el del Perito Moreno, esa premisa no es menor. La seguridad del visitante y la preservación del ecosistema no admiten curvas de aprendizaje improvisadas.

Además, el argumento de los precios —frecuentemente señalado como barrera— omite un punto relevante: el costo de operar sobre un glaciar activo no es comparable con el de otras actividades turísticas. Equipamiento, guías especializados, seguros, logística y limitaciones operativas forman parte de una estructura que difícilmente pueda comprimirse sin afectar la calidad o la seguridad de la experiencia.

En este escenario, la discusión debería desplazarse desde la lógica de “abrir o no abrir” hacia una más precisa: cómo ampliar el acceso sin erosionar el modelo que permitió que esta experiencia exista en primer lugar.

El Glaciar Perito Moreno no es solo un atractivo turístico. Es un entorno frágil, complejo y de valor global. La operación que allí se despliega no puede evaluarse únicamente bajo criterios de mercado, sino también en función de su impacto ambiental, su sostenibilidad y su capacidad de garantizar condiciones seguras para miles de visitantes cada año.

En ese equilibrio, Hielo y Aventura representa algo más que un operador histórico: es, en muchos sentidos, el resultado de un modelo que funcionó. Un modelo perfectible, sin duda, pero que logró posicionar a la Argentina en el mapa mundial del turismo de naturaleza con una propuesta única.

El desafío, ahora, será decidir si la evolución del sistema parte de esa base —fortaleciéndola— o si, en nombre de la apertura, corre el riesgo de desarmar un esquema que, con todos sus matices, supo demostrar su valor.

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