Por Raquel Warburg – SunnyNews & FMGN
Durante siglos se creyó que los gatos domésticos habían llegado a Europa junto con los primeros agricultores hace miles de años. Pero un nuevo estudio científico sugiere algo muy distinto: los gatos que hoy viven en el continente habrían llegado recién hace unos 2.000 años, durante la expansión del Imperio romano.
La investigación, publicada en la revista científica Science, analizó ADN antiguo de restos de gatos hallados en 97 sitios arqueológicos de Europa y Medio Oriente, además de material genético de gatos modernos. Los científicos reconstruyeron decenas de genomas felinos para entender cómo se expandieron estos animales junto a las sociedades humanas.
Los resultados muestran que los primeros gatos realmente domésticos aparecieron en Europa a partir del período imperial romano, lo que indica que su llegada fue mucho más tardía de lo que se pensaba. Antes de esa época, los felinos que convivían con humanos en el continente eran en realidad gatos salvajes europeos, no los antepasados directos de las mascotas actuales.
Según los investigadores, los gatos habrían llegado desde África del Norte, probablemente transportados en barcos que recorrían el Mediterráneo. Los marineros los llevaban a bordo para controlar las poblaciones de ratones en las embarcaciones que transportaban grano entre Egipto y los puertos del Imperio romano.

Con el crecimiento del Imperio romano y sus rutas comerciales, estos animales comenzaron a expandirse por todo el continente. Con el tiempo se convirtieron en compañeros habituales de los humanos y terminaron colonizando gran parte del mundo.
Hoy, los gatos domésticos —descendientes del gato salvaje africano— son una de las mascotas más populares del planeta, con cientos de millones de ejemplares viviendo junto a las personas.
El estudio no solo reescribe parte de la historia de los gatos, sino que también muestra cómo las redes comerciales, los viajes marítimos y la expansión de imperios antiguos ayudaron a moldear la relación entre humanos y animales.
Por Raquel Warburg











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