Europa entra en su invierno político: el precio de las políticas woke, la renuncia cultural y una tolerancia que terminó debilitando sus propias bases

Ariel Ferrero Avatar
Por Ariel Ferrero, para SunnyNews y FMGN

Vientos huracanados recorren Europa y anuncian un cambio de paradigma profundo, impulsado por el avance sostenido de políticas woke y una tolerancia mal entendida que ha dejado de ser integración para convertirse en renuncia cultural. El mapa que emerge es cada vez más rojo, más rígido y más difícil de revertir.

Francia aparece como el laboratorio más visible de este proceso. París, joya arquitectónica, cultural y simbólica del continente —todavía la ciudad más deseada por el turismo mundial— ya no alcanza para ocultar una fractura interna creciente. Bajo la postal, se expande un malestar alimentado por años de políticas del status quo que relativizaron valores fundacionales, desdibujaron límites y minimizaron el avance del islamismo político en el corazón mismo de Europa.

Lo que se presentó como diversidad fue vivido por amplios sectores como imposición.
Lo que se defendió como inclusión derivó en autocensura, miedo y retirada cultural.
Y lo que debía ser convivencia terminó erosionando la confianza social.

El resultado es una reacción tardía, pero potente, que ya no se expresa solo en debates académicos o editoriales, sino en las urnas y en el repliegue de sociedades que sienten haber cedido demasiado sin recibir nada a cambio.

Por eso una fábula resulta más incómoda —y más precisa— que cualquier consigna. Porque mientras algunos trabajan, planifican y sostienen un sistema, otros cantan, se burlan y desprecian la previsión. Y cuando llega el invierno, ya no hay tiempo para discursos, conferencias ni consignas morales.

Solo queda una pregunta brutal:
¿quién pagará el precio cuando se apague la música?

Con esa inquietud —y no con certezas— Europa parece dispuesta a comenzar 2026.


La cigarra y la hormiga

Versión suiza

Durante todo el verano, la hormiga trabaja sin descanso bajo el sol.
Construye su casa y guarda provisiones para el invierno.

La cigarra se ríe, canta, baila y disfruta del momento.
—La vida es hoy —dice—. ¿Para qué tanto esfuerzo?

Cuando llega el invierno, la hormiga está a resguardo, calentita y bien alimentada.
La cigarra, sin comida ni refugio, tiembla de frío… y muere.

Fin.


Versión francesa (extendida)

Durante todo el verano, la hormiga trabaja bajo el sol.
Construye su casa y almacena comida para el invierno.

La cigarra se burla, canta, baila y se divierte.
—La hormiga es una tonta —dice—, la vida es para gozarla.

Llega el invierno.
La hormiga está a resguardo, calentita y bien alimentada.

La cigarra, tiritando de frío, convoca una conferencia de prensa.
Pregunta por qué la hormiga tiene derecho a estar abrigada y bien alimentada
mientras otros, menos afortunados, no lo están.
Habla de desigualdad, de privilegios heredados y de solidaridad obligatoria.

Los periodistas toman nota.
Se abre el debate.
Se cuestiona el sistema que permitió a la hormiga prever el invierno.

Se decide redistribuir.
A la hormiga se le exige compartir sus reservas.
Se le recuerda que nadie se salva solo.

La hormiga obedece.
Pero cuando el invierno se vuelve más largo y más crudo,
ya no queda comida suficiente para nadie.

La cigarra sobrevive.
La hormiga también.
Pero el hormiguero ya no vuelve a ser el mismo.

Fin.